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¿Cómo sustraer de la realidad aquello que conlleve el arraigo
de lo esencial, de manera que quede allí, vivo, hospedado,
en lo que antes solíamos llamar arte?
Lo que hasta hace poco se conocía como lo posible,
hoy se transfigura en una máscara digital; en el avasallamiento de lo hiperreal.
¿Cómo tomar entonces de este universo exacerbado algo sincero que sea génesis de una poética?
Un extravío -que parece colectivo- impide anticipar lo cierto: exagerar la realidad sólo derivará en su absoluta transparencia. Forzar ésta al plano de lo que no es confronta hoy a la sociedad con sus nuevos vacíos existenciales, generacionales.
Tal vez entonces ya no hay nada más qué asir, qué atrapar de una realidad que dejó de ser parte de la ilusión, semilla de la creación.
¿Acaso no hay más a lo cual hacer alusión?
La tragedia existe. El objeto ha sido demolido sin consideración a partir del siglo pasado, tanto que hoy contemplamos fracciones de las cuales su suma ya no podrá recuperar lo que se sabía como el todo; universo de lo bello que se perdió en el apocalipsis de la deconstrucción.
Pero si ver fuera escuchar, nos daremos cuenta que la realidad resuena todavía. No como melodía en desarrollo, pero sí como tonos perceptibles, audibles en un instante, sorpresivos, fulgurantes; como epílogo de un sueño, un timbre.
Surge aquí una clara concordancia entre ojo y oído, cada instante -cada tono- es en sí un puerto de llegada, y a la vez el vínculo de partida. Existen fragmentos que condensan el anhelo de la sinfonía desvanecida, de una realidad que es perseguida por la reflexión especular, absoluta y exacta.
En el silencio de la naturaleza, Blanca Dorantes busca el intenso vacío que es escuchar la elipsis de lo fenomenológico. La inocencia de la mirada del artista es la guía en esta búsqueda por sentir estos fragmentos, y los instantes en que la percepción intuye la presencia de ese timbre que aún despierta.
En estos espejos de realidad inacabada Blanca captura y transfigura un horizonte que niega su destino -impuesto por la urgencia de lo hiperreal- de ser no más que el artificio de una perfecta simulación.
Reverbera así una sutil melodía, invocación a la magia de ser de nuevo parte del devenir. Igor Moreno
Ex Convento del Carmen, Guadalajara
Secretaría de Cultura de Jalisco/ FOECAH/CONACULTA
Marzo-abril 2010
Last changed on 07/15/10. This album contains 15 items
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¿A dóde parte el horizonte cuando dejamos de soñar?
En un acto necesario por recuperar la serenidad del horizonte,
Blanca Dorantes nos conduce al difuminado prismático de algo que
vive dentro de un sin embargo cercano a un apocalipsis.
A pesar de la incertidumbre, pareciera que ya no hay sorpresa
en el anticipo genocida de esta inmensa repetición, fractal
de los nuevos signos de monumentalidad.
La acuarela se desliza entre una rugosidad inherente, se coloca ahí
donde nadie la esperaba: azul, extática, como
un paraíso que pudiera asirse de tan solo soñar.
Afuera de los muros, lo que es blanco, es un vacío de tiempo que
viaja por lo escaso, por lo inmediato de nuestro quehacer cotidiano.
Mientras más corto sea nuestro momento, se perderá de nuestro recuerdo
el pasado y no podremos siquiera pensar en algo llamado futuro.
Somos prisioneros de un exiguo momento.
Nuestro ser
se diluye ante la prisa permanente, en un entorno cada vez más solitario y compacto.
Escapamos en silencio, nos fugamos sin poder recordar qué
nos obliga a estar aquí.
Una ciudad que es vista en una penumbra monocromática, compuesta
de nosotros y nuestros vacíos, de un tiempo que no nos avanza.
La obra de Blanca Dorantes plasma la representación de la
tensión existente entre el inminente ingreso a un oscurantismo social,
y la idea de una alternativa (sin pretender una entelequia),
de que es posible soñar, entre el silencio y anhelo,
en un distinto horizonte. Oxímoron que pretende dibujar
la disputa entre la no memoria –la intrascendencia de lo futuro-
y la profusión del recuerdo –pasado atesorado- que, a su vez,
plantea la interrogante de si acaso sobreviviremos a la incoherencia de nosotros mismos.Igor Moreno
APROPIACIONES URBANAS
www.estacionarte2008.blogspot.com
3ra.MUESTRA ITINERANTE DE ARTE CONTEMPORANEO
Last changed on 06/14/10. This album contains 8 items
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El tiempo es el cuadrante de nuestra biografía. Es ante todo abstracción.
Nos es vital, y tal vez por ello no penetramos más allá en cómo éste afecta nuestra percepción del mundo interno y externo. Sabemos lo que es, pero nos es muy difícil explicarlo.
¿Acaso el tiempo fluye independientemente de la mente humana? ¿Acaso es una invención de la raza humana en su incesante búsqueda por asir el cosmos?
Pasado, Presente, Futuro: la trinidad que acompaña siempre nuestro éxodo existencial.
El anhelo nos mueve hacia delante. La nostalgia nos remite a lo que fue.
El presente siempre intangible nos deja en el instante. El instante-puerta, el umbral entre pasado y futuro, la circulación del tiempo ocurre aquí.
El instante es el Kairos, el tiempo oportuno, frontera entre dos infinitos.
¿Acaso éste también es infinito?
Mas el instante es efímero, abre y cierra el paso a lo que fue y lo que será.
Existe un presente eterno, igual de ausente que pasado y futuro.
El instante sería así la intersección de las ausencias, nuestro último resguardo.
Blanca Dorantes ha ido a la caza de imágenes que flotan en esa frontera del tiempo. A través del reflejo atrapa sus ausencias. Nos confronta a una trama de figuras habitantes del espejo. El espejo nos aporta en su primeridad semejanza, y en su poética nos entrega siempre una fascinante analogía.
Con un breve impulso de la intención Blanca transita entre la trinidad del tiempo.
La tensión de lo efímero y lo eterno, de lo real y lo inexistente, los espejos articulan la fuga de tales inquietudes.
Unos flotan como minuciosa arena, como sueño y deseo, otros, se atesoran como memoria.
Igor Moreno/Curaduría y textos
Last changed on 04/25/10. This album contains 20 items
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